!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD XHTML 1.0 Strict//EN" "http://www.w3.org/TR/xhtml1/DTD/xhtml1-strict.dtd"> pegasus horse cake.

10.10.04

últimamente he estado pensando mucho en la muerte. me aterra. llevo años pensando en ella, pero nunca me ha causado tanta impresión como ahora.

de noche, cuando me hago un arropo final, y observo la pared enfrente de mí, sumida en la oscuridad, los objetos haciéndose cada vez más visibles paulatinamente, me viene a la cabeza el tema - como una flecha helada renforzada con veneno seco, un disparo certero con la más sincera crueldad - de la muerte.

este es un proceso rápido. la reacción que se desencadena como respuesta a este recordatorio de mi mortalidad consiste en la imagen, o más bien, la situación del ser temporal, y del cesar de existir y sentir, formadas en mi mente, se clava como un ancla y ahí permanece. Con el percatamiento de lo
frágil que es mi cuerpo, esta nave en la que viajo, con la viscosidad y suavidad que caracteriza mis órganos, el momento en el que yo muera todo dejará de existir, yo, mis padres, mi hermano, mi habitación, mi ciudad, mi mundo, todo, todo se convertirá en nada, y se podría decir que nunca fue algo, porque una vez que se muere es como si nunca hubieras vivido; con ese planteamiento me viene una ola congelada desde el fondo de mis tripas, pasando por mis pulmones hiperactivos, acabando en un nudo en la garganta, asfixiándome. me entran sudores fríos. frustración.

me digo a mí misma, no puede ser, no es posible, yo no puedo desaparecer, yo soy yo, mis recuerdos no pueden esfumarse así como así. me agarro a la colcha como si de ello dependiera mi vida.

no creo en la vida después de la vida. ojalá existiera. lo deseo con todas mis fuerzas, pero sé, o mejor dicho, intuyo, que el fin es el fin. como la hierba que es arrancado por unos niños en el parque, como la araña que es erradicada cuando se encuentra en el momento y el lugar inadecuados. la energía deja de transformarse, los procesos celulares se detienen, y los recuerdos - lo que me define, mi entidad - se descomponen para formar parte de una futura mosca o el vapor condensado en una nube.

llamé a papá para hablar con él sobre el tema y al menos descargar algo de esta angustia. me dijo que esto mismo le ocurrió en su treintena. y que uno acepta su condición transitoria y fugaz. que siempre morimos antes de lo que habríamos pensado, o de lo que teníamos planeado. le contesté, esta vida no es suficiente, ¿para qué sirve vivir si luego morimos, y volvemos a lo mismo que éramos antes de nacer, ese vacío infinito, la nada?, si desapareces tú, y por consiguiente, todo va a desaparecer, si toda la red de neuronas, impulsos eléctricos, y sustancias químicas varias se descompondrán borrando los recuerdos, la personalidad, lo que en esencia se es uno?

sin recuerdos no somos nada. y si no se recuerda una vez muerto - dada su imposibilidad - ¿de qué sirve recordar? ¿qué se hace para rechazar el futuro inexorable?

no quiero dejar de existir. no quiero dejar de sentir. y tampoco quiero que dejen de existir mis seres queridos. hasta ahora han sido inmortales para mí. pero el tiempo pasa, papá empieza a notar su edad, a mamá le puede ocurrir un accidente con lo despistada que es (por mucho que lo niegue), a germán le pueden ocurrir mil y un cosas, como caerse mientras intenta alcanzar la terraza cuando se le olvidan las llaves de casa. ¿qué hago yo sin ellos? ¿cómo sobrevivo su pérdida? no podría. no puedo. no aguantaría su ausencia. no quiero que mueran, ahora que vivo lejos. no. me niego. no puede ser.

me veo en un accidente, me veo vieja y arrugada en un sillón, me veo con cáncer, me veo flotando eternamente congelada en el espacio totalmente deshidratada por ósmosis. veo que lo que me pertenece no vale nada, veo que lo que haga y lo que diga no vale nada, veo que lo que crea y lo que ame no vale nada, si no me lo puedo llevar, si no lo puedo conservar, si no lo puedo sentir, cuando muera.

como dijo papá, somos burbujas en la ebullición que es la vida.

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